viernes, 18 de mayo de 2012

Corazón ya no te margino.... Th1s 1s th3 w4y st3p 1ns1d3

El inminente vacío que se produjo luego del encuentro me hizo, esta vez, tomar conciencia a los aullidos agónicos del corazón marginado. Durante años veía un falso reflejo en el espejo, un cuerpo desconocido, irreconociblemente identificado. Actuando de acuerdo a cómo llegaban a los oídos las voces ajenas y externas del interior puro, revoqué la careta puliéndola con esperanzas mientras emparchaba cada descocida del tonto desterrado. Continuaba el tiempo repitiendo los principios escondidos, trasmutando procesos en situaciones indeseables y a lo largo de ésta corta vida golpeé duro varías veces mi cien, dejándome voluntariamente inconsciente . En sentido figurado, coma permanente o completa ceguera, ya que, a pesar de todo y de  las palpitaciones que me mantenían en vida, percibía erróneamente o no los receptores externos como una obligación. Por años me mantuve viviendo en las tinieblas sin saber  siquiera  quién era ni que mi propia sombra era mi única y letal archienemiga. Sin estudiar sus movimientos ni conocer sus reacciones sólo por el hecho de no poder admitir en mi todo aquello que en ella depositaba, la oscuridad, mi lado oscuro reprimiéndose,y todo eso que siempre repudié de mi entorno. Con el No, evité un polo y me perdí una vez más sin saber por qué.
De repente se abrieron los caminos que la niebla ocultaba y me paré largo rato a contemplar las rutas manifestadas por mi creencia y creación, Indecisa, sin poder identificar la dirección indicada, caminé y caminé sin parar pero siempre me encontraba en el mismo círculo vicioso que no me dejaba avanzar y me asficciaba, donde en cada circunferencia abstracta de mi mente había un total de infinitas e incontables puertas con el engañoso cartel enorme y luminoso ubicado en su marco con la palabra SALIDA. Aunque ésta trataba de discernir desmenuzando la realidad no conseguía de ninguna forma encontrarse quieta, serena y firme ante ninguna elección. Hasta que de repente una fuerte corazonada me despertó del gran sueño o pesadilla inconsciente y una mano tendió sus finos dedos cósmicos resonando en una misma frecuencia mientras los nervios y los instintos se atraían y las miradas en un suspiro del tiempo indeterminadamente existente se congelaban...
Me reflejaba nuevamente pero esta vez de una manera distinta a las veces anteriores. Para mi suerte el sentimiento de desesperación, odio, rencor, dolor y decepción desaparecieron, limpiando frenéticamente satisfecho cada rincón inmundo se encontró el señor Amor haciendo que en mi emane su eternidad, floreciendo genéticamente de mi corazón el cual me ayudó a escucharlo enseñándome el camino correcto y cuando tomé El picaporte ya no temblaba ni titubeaba, segura lo giré y una Luz me volvió a cegar por un segundo trayendo ante mis ojos el más hermoso e impresionante panorama, obra de la vida que siempre estuvo ahí y nunca supe cómo ver. Ahora, que lo puedo hacer ya no tengo ninguna  necesidad y menos la de mirar para atrás, ni la de juzgar,  pelear,  gritar, llorar, sufrir, negar, dormir,  comer, y muchísimo menos la de perderme otra vez para volverme a encontrar, desatando una vez más el nudo del karma que por tantas vidas me ahogó. Aunque se que miles de barreras tenga que correr para atravesar el camino, las señales seguiré junto a la Luna mi guía que lejos me llevarán, por momentos retomando el solitario, dando cada paso con confianza sin volver a engañarme ni dejándome engañar por este Infierno onírico que el propio humano no tuvo más remedio que crear para su desgracia y equilibrio universal, sin dejar de ser parte de la evolución lenta pero fija. Ahora, no sólo aprendí a escuchar los sinceros latidos bajando la guardia y la máscara recreada, corriendo a un costado la pesada mochila y la negligencia que me separo de la Unión, sino que  Agradezco, o lo intento, todo, incluso lo malo, tomo parte de lo bueno y luego lo dejo ir todo junto, liberándome. Me renuevo a cada momento, a cada paso, a cada amanecer y a cada sol que se desvanece en un manto de cálidas nubes, a cada atardecer y a cada luna que se esconde dando paso a las estrellas que con su belleza opaca sin moverlas. Ofrendo mis servicios eternos a cada hermano y sobre todo a mi Madre natural, La Tierra, entregándome a su merced para que sea de mi lo que Ella quiera, lo que ella disponga, lo que el destino aclame y mis palmas remarquen. Pero sin, aún, dejar de cuidar mi espalda de los fríos puñales...