Cuando Eugenio se marchó de su casa para irse con Magda, no tuvo remordimiento en abandonar a su mujer y a sus hijos. Pocos años después Magda dio a luz a una preciosa beba a quien llamaron Lia. Tuvo una infancia feliz pero prácticamente solitaria al no tener hermanos con quienes jugar y compartir cosas, o al menos eso era lo que ella creía. Durante su adolescencia, Lia descubre accidentalmente, por comentarios fuera de lugar que escucha en una conversación entre su abuela materna y Magda, que su padre, anteriormente a su nacimiento, había abandonado una familia. Lo cual esto provoca en ella una crisis de identidad al enterarse que es una hija bastarda. Dada la crueldad que tuvieron sus padres al ocultarle la verdad durante tantos años sin mencionar lo desconsiderado que fue su padre con su anterior familia, Lia sufre una desilusión tan grande que decide irse de su casa sin dejar información sobre su paradero.
Se hospeda en el departamento de su amigo Efrain, quien había conocido un año atrás en una fiesta de verano. Efraín era un joven inteligente pero padecía de adicciones letales para su salud, entre ellas la marihuana, que consumía frecuentemente y la heroína, que era algo ocasional. Aunque Lia estaba en contra de las drogas, frente a ese momento de su vida tan débil que estaba, comienza a consumir marihuana refugiándose de sus problemas en ella a través de sus efectos. Ella creía que no iba a adictarse, pero como era sabido, quiso experimentar otro tipo de drogas y así probó más y más y Efraín tampoco se negó en convidarle. Se quedaron alucinando más de la cuenta, inmersos en la mugre que asechaba el departamento, hacía días que ninguno de ellos se ocupaba por la higiene del lugar, ni siquiera por la de ellos mismos.
Mientras tanto, los padres de Lia denunciaron su desaparición, publicaron una recompensa por ella en toda la ciudad, preocupados a más no poder la buscaron por cielo y tierra, pero nada de esto dio resultado.
Efraín había salido de compras, esa noche festejarían su cumpleaños. Más tarde, el departamento se amotinó de gente. Lia se excede en drogas y alcohol, estaba desenfrenada, canalizaba toda la ira acumulada hacia sus padres en su autodestrucción. De pronto, una muchacha empezó a gritar y así otros, abriendose en círculo. En un costado, retorciéndose sobre el piso, Lia estaba convulsionando, tenía los ojos en blanco y no paraba de temblar.
- ¡Abran paso!
- Ha convulsionado Doctor, tuvo una sobredosis de drogas varias y alcohol.
Entre la conciencia y el inconsciente, Lia podía escuchar lo que hablaban. Se sentía paralizada, asustada, no entendía nada de lo que estaba sucediendo, tenía frío y el corazón le latía con ferocidad, podía sentir como su cuerpo sudaba, pero no se podía mover.
- Enfermera, ¿Cuáles son sus pulsaciones?...
Se encontraba en otro lugar ajena a la conversación que acababa de escuchar, su cuerpo estaba intacto, decidió correr hacia la luz que veía al final del camino, pero algo la detuvo en el trayecto.
- ¡¡Atras!!
Necesariamente, 200 voltios golpearon su pecho .
Al despertar, Lia se vio llena de cables, conectada a un respirador. Sus padres se emocionaron y la abrazaron, suplicándole perdón reiteradas veces, pero ella poco y nada podía recordar sobre lo sucedido y ni fuerzas tenía de discutir.
Algunos días después, Lia es internada ,en contra de su voluntad, en un granja para adictos. Se negaba rotundamente a permanecer allí ya que no admitía haberse enfermado. Sin embargo, su inteligencia y su capacidad de persuasión logró que meses más tardes los médicos le dieran el alta por buena conducta, aparentemente para todos, Lia se rehabilita.
Consigue un empleo pronto y se va vivir en soledad. De sus padres nada quería saber por el momento, así que establecieron entre la familia un pacto comprensivo, donde los padres se comprometen a no invadir a su hija y darle el tiempo necesario para que pueda asimilar las cosas tranquilamente, sin su presión continúa.
Lia se mira en el espejo, se ve gorda, fea, no se reconoce.
- ¿Quién sos? ¡Bastarda! ¡No sos nadie, estas muerta!
Enfurecida, golpea el espejo quebrándolo en pedazos. Toma del suelo un vidrio ensangrentado y con odio se lo clava en una de sus muñecas, cortando la carne lentamente hasta verse atestada de sangre, los ríos calurosos descendían espesos por su cuerpo. Era su forma de sentirse viva. Rápidamente coje una toalla del armario y se aprieta intensamente para evitar que la sangre siga fluyendo. La alfombra del baño había pasado de ser beige a ser un suelo coagulado carmesí.
Lia se aísla completamente de su entorno. Únicamente sale para visitar a Efraín, quien le proporciona una ración semanal de marihuana y cocaína. Pero esta semana Lia irá por más, esta vez, le ha encargado dos gramos de heroína. En este caso, Efraín se opone:
-Sola no vas a probar, si es lo que querés esta noche te espero en mi departamento-
Lia vive una vida al limite, después de la mala experiencia que tuvo en el cumpleaños de Efraín parece no ser consciente de sus actos. Esa bonita noche estrellada de Febrero, camina por el asfalto seis cuadras hasta la estación de tren, donde logra tomar el último para llegar a destino.
A pesar del pacto que había hecho con sus padres, Lia iba de mal en peor. No lograba focalizarce en ninguna de sus metas, todas las noches eran insoportables para ella, la soledad la atormentaba y su adicción a las drogas crecía cada vez más. Estaba harta de estar rodeada de gente superficial, necesitaba con desesperación el abrazo, el consejo de una amiga, el calor, el amor de un novio, la contención de su familia, pero ya nada era igual. Aquellas personas ya no existían en su vida y era muy difícil para ella volver a entablar una relación igual a la que alguna vez tuvo, desconfiaba rotundamente de todo y de todos, desconfiaba de la vida. Ahora estaba sola, y dependía de ella salir adelante.
Lia es internada nuevamente en la comunidad terapéutica para el tratamiento de adicciones, El Paraíso, cerca de la estación de tren, pero esta vez por decisión propia. Se convence de que la vida que estaba llevando era una pérdida de tiempo, nada había ganado desde el día en que partió de su casa con semejante mochila en su espalda, llena de rencor y dolor. Por el contrario, había perdido casi todo lo que tenía. Pero aún estaba a tiempo de perdonar y ser perdonada.
Al principio, la rehabilitación era una fase muy dura que a Lia le costó superar, la verdadera rehabilitación. Finalmente, luego de arduos meses allí dentro, donde aprendió a identificar las cosas que había pasado por alto, como los valores, como el amor, el amor hacia los demás, el amor propio. El día esperado al fin llegó, una nueva Lia se reintegra a la sociedad, predispuesta a rehacer su vida, con felicidad en su corazón, era época de transición para ella, y debía aprovecharla, debía valorar el esfuerzo que hizo durante estos largos meses para no abandonar.
Sus padres iban a ir a recogerla y luego habían organizado una cena de bienvenida para la bella Lia. Pasaron tres horas, y aún no llegaban y Lia seguía esperando, ansiosa y preocupada. De repente una patrulla llega al Internado preguntando por Lia Polski
- ¿Usted es hija de Magda y Eugenio Polski?
- Si señor, ¿Pasó algo con mis padres?
El oficial hizo una pausa, se quitó la gorra y la arrimó hasta su pecho.
- Lamento informarle señorita, que sus padres han tenido un accidente en la ruta 8 hace unos instantes.
- ¡¿Cómo que tuvieron un accidente?! ¿Están Bien?, Por favor señor, ¡le suplico que me diga la verdad!.
- Sus padres... han fallecido en el acto, lo siento señorita, mi más sentido pésame.
Lia rompe en llanto desconsolado, se bloquea, corre, se cae al suelo, se arranca los cabellos, maldice, grita:
-¡¿Por qué?!, ¡¿Por qué?!, ¡Es mi culpa!.
Su rostro es irreconocible, tantos meses de empeño, de sacrificio para lograr salir adelante y la vida le juega de esta forma, no lograba entender por qué había sido todo tan injusto para ella. Cansada de correr en la dirección contraria, deja a todos atrás, corre como el viento. A lo lejos se oye el claxon del tren. Sin dudarlo dos veces, decide terminar su vida en un instante, ya no tiene por qué vivir, todos los recuerdos de su infancia se le vienen a la mente, las risas con sus amigos que tanto extrañaba, ya nada volvería a ser como antes, y todo debido a su debilidad, todo lo perdido debido a su insensatez. Eternamente, su alma, su pena quedará sugestionada.